“CUIDADO FRÁGIL” Artículo sobre ECONOMÍA por el Lic José Luis Stella

Diseño de la “economía” en tiempos de COVID y ELECCIONES

ECONOMIA ARGENTINA 2020/2021 – CUIDADO FRÁGIL

Para diseñar la política económica los economistas observamos la relación entre lo social, lo político y lo económico. Ahora le agregamos el ingrediente de la salud, el nuevo diseño y la predicción se hacen más difíciles, se complejiza no solo por tener un componente y condicionante más, si no porque ese componente es desconocido e imprevisible de cara al futuro. 

La Pandemia nos tomó con pocas herramientas económicas para enfrentarla, sin ahorros previos, sin créditos, con deuda, con alta presión fiscal, con recesión e inflación y con una moneda débil.  La cuarentena fue la primera respuesta lógica, para apuntalar el sistema de salud, e intentar demorar los contagios, e impactó negativamente en la economía. Para amortiguar este golpe, el gobierno ayudó a empresas (ATP), a personas (IFE), con dinero para los sectores más afectados.  

Mientras otros países, utilizaban sus ahorros, los créditos disponibles a bajas tasas de interés, o la emisión de moneda confiable para sus pobladores para enfrentar la crisis, La Argentina, con una macroeconomía inestable, sólo presentaba en el menú, la emisión de una moneda no confiable para sus habitantes, en su esquema bimonetario $/Dólar, y esto genera la siguiente paradoja; más ayuda implica más emisión y más emisión implica más desequilibrio macroeconómico. Al emitir desmesuradamente generamos, una presión inflacionaria que determina mayor brecha en el mercado de cambios y también explica por qué caemos más que el resto de los países “normales” con los que nos comparemos.

Varios aspectos justifican la preocupación de ayudar con emisión de pesos como única opción.  Emitir con la producción de bienes (productos y servicios) en caída; emitir y aumentar la oferta de dinero cuando la demanda no acompaña, generará mayor inflación inexorablemente. La cuarentena, con el cierre de actividades y por otro el gobierno pisando precios de servicios públicos, genera una fricción que demora el traslado a precios (inflación reprimida), esa situación no puede perdurar en el tiempo.

La emisión del 2020 se ubicará en torno a los dos billones de pesos y la caída de la actividad se espera que sea del 11% del PBI.  El presupuesto 2021 no contempla ni gastos ni inversiones por la pandemia, no contempla gastos por leyes como la interrupción legal del embarazo, o aborto legal, libre y gratuito, que se aprueba, pero nadie dice de donde salen los fondos que garanticen el nuevo derecho, no contempla gastos en vacunas y tiene prevista una inflación del 29% a todas luces de imposible cumplimiento. Por ende, enfrentar una segunda ola de covid o un rebrote sería muy duro y desestabilizante en materia económica.

El ministro Martín Guzmán le adelantó al FMI que el déficit 2021 podría ser menor al 4,5% del PBI del presupuesto aprobado, pero el tema sanitario y los políticos que creen que los gastos pueden ser infinitos y que no dañan la economía, más en un año con elecciones, dificultaría bajar esa meta. El gobierno logró que se apruebe la nueva fórmula de ajuste de las jubilaciones, esto ayuda a Guzmán a mejorar el perfil fiscal, quien a su vez consiguió la eliminación del IFE y los ATP (gastos covid), pero se le hizo difícil, y no pudo, por un tema político, lograr descongelar tarifas, lo que implica (además del atraso tarifario, la falta de inversiones y la baja en la calidad de los servicios) un incremento de la magnitud de los subsidios no previstos en el presupuesto.

El acuerdo con el FMI y con el club de París es un primer paso para bajar el riesgo país, y despejar el horizonte de vencimientos de imposible cumplimiento, sería muy negativo no llegar a estos acuerdos. Sin embargo, no es tan importante el acuerdo con el FMI per sé; es importante llegar a un acuerdo, porque reduciría algo la incertidumbre en el mercado cambiario, igualmente lo importante es que posiblemente conoceremos las señales en ese acuerdo a que se compromete el gobierno para su plan futuro.  Cuáles son las prioridades, los objetivos y que instrumentos se van a utilizar para alcanzarlos ya que todavía (salvo el presupuesto 2021 con sus falencias) no han sido muy explicitados.

El informe de la CAME de fin de año es lapidario y da cuenta del cierre masivo de 90.700 locales comerciales en todo el país. Esto afectó a 41.200 pymes y a 185.300 trabajadores en blanco.  Por rigidez del mercado laboral (incluida la doble indemnización) no cabe esperar una recuperación rápida, que se va a ir reponiendo con la apertura mayor de la economía, las vacunas, sin embargo, la capacidad productiva, simplemente por el paso del tiempo se deteriora y requiere de inversiones que hoy no se realizan.

No todo es negativo, en el mundo se debilita algo el dólar y aumentan los precios de los commodities que mejoran nuestro ingreso de divisas, siempre que exportemos. También habrá un rebote de la actividad por relajación de la cuarentena con apertura de comercios y vuelta a la actividad que recupere entre 40 y 50% de lo perdido este año.

Continuaremos con tensión cambiaria, producto de las pocas reservas, se recuperaron en diciembre un diez por ciento (450 M de USD) de las perdidas (4.500 M de USD) desde agosto hasta noviembre (Cifras redondeadas). Con una brecha entre el dólar oficial y el paralelo (entre 70 y 80%), que es muy difícil de sostener en el tiempo, se genera rispidez para el acuerdo con el FMI que pretende que se baje por lo menos a la mitad, como también que la emisión para el año 2021 sea menor al 1,5% del PBI, para lo cual hay que disminuir el déficit, porque no hay formas alternativas para financiarlo.

Se espera, atado con alambre, que en el mercado cambiario no sea necesario un salto devaluatorio del dólar oficial y que con más controles (cepo reforzado) pueda llegarse primero a abril/mayo (venta de cosecha gruesa) y luego hasta las elecciones de octubre (elecciones). El aumento de la demanda de dinero en diciembre, da una calma momentánea. Estará latente el riesgo de no poder cruzar los puentes y tener que realizar un salto devaluatorio, con su consecuencia altamente inflacionaria.

Argentina, sin crédito, sin ahorros y sin moneda está arrinconada y obligada a adoptar una política ortodoxa encuadrando sus cuentas públicas. En esa dirección apunta la paritaria del sector público que cerró el 2020 con un bono de $ 4.000 y 25% de aumento de los cuales el 7% en octubre y el resto entre febrero y mayo del 2021.  Al margen de lo que se diga se está haciendo “el ajuste”. Los empleados públicos (por su paritaria) y los jubilados (con aumentos por decreto y la nueva fórmula) difícilmente le ganen a la inflación. 

En unos meses tendremos los números finales, terminaremos el 2020, con 2,1  millones de personas desocupadas y por la metodología de medición, no todos los que no tienen empleo buscan trabajo y por ende no son relevados en las estadísticas, con una inflación de 35/37 %, metodológicamente medida entre productos esenciales que subieron entre 50 y 80% (ejemplo verduras) y precios de actividades cerradas y servicios con precios clave congelados que no sufrieron variación en el año; la pobreza estará alrededor del 40/43% y la caída del PBI ya mencionada en cifras cercanas el 11%.   

Lo que debería verse en el año 2021, es el arreglo tardío con el FMI y el Club de París, altamente probable, una inflación mayor a la que se espera en el presupuesto, un rebote de la actividad económica de algo menos que la mitad de la caída sufrida en el 2020, un mercado laboral lento para reponer los puestos de trabajo perdidos, y con leve recuperación de salarios, salvo que se diseñe alguna reforma al menos para los nuevos empleos que se creen.  En un año electoral los precios de los servicios públicos subirían con más fuerza luego de octubre, algo que debería irritar a la ciudadanía.  También luego de las elecciones se estaría en la búsqueda del ajuste fiscal que equilibre las cuentas y pueda si se logra, permitir enfriar la máquina de la emisión muy recalentada por todo lo que se explicó arriba.

31 de diciembre de 2020

José Luis Stella.  Licenciado en Economía, ex/profesor de Macroeconomía /Microeconomía y Economía Internacional de la UNMdP

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